
El aislamiento acústico de maquinaria industrial no es lo mismo que insonorizar una habitación. La fuente está dentro, es pequeña, vibra, se calienta y hay que poder abrirla para mantenerla. Esas cuatro condiciones cambian por completo la solución, y explican por qué el plomo aparece aquí más que en cualquier otra aplicación acústica.
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Antes de encapsular nada hay que saber por dónde escapa. Casi siempre son tres vías a la vez, y tratar sólo una da resultados decepcionantes.
Ruido aéreo directo. El que radia la carcasa y las superficies vibrantes al aire. Es el que se combate con masa y estanqueidad: la envolvente.
Transmisión estructural. La máquina vibra, la vibración pasa a la bancada, de ahí a la solera y de la solera a todo el edificio. Reaparece como ruido a veinte metros de distancia. Se combate con elementos antivibratorios bajo la máquina, no con la envolvente.
Aperturas funcionales. Entradas y salidas de aire de refrigeración, pasos de conductos, cintas transportadoras, accesos de mantenimiento. Cada una es un agujero, y un agujero pequeño arruina una envolvente grande.
El orden correcto de intervención es siempre el mismo: primero antivibratorios, después aperturas, y sólo entonces masa. Encapsular una máquina que transmite por la bancada es tirar el dinero.
En edificación el plomo compite con soluciones de más espesor. En una envolvente industrial, sus propiedades son directamente ventajas competitivas.
Se corta, se dobla y se conforma a mano sobre geometrías que un panel rígido no cubre: codos, bridas, salientes, tramos curvos.
En un encapsulado el espacio libre alrededor de la máquina suele estar contado. 2 mm dan 22,68 kg/m² sin robar espacio de mantenimiento.
Un panel de chapa rígida tiene un bache de aislamiento en su frecuencia crítica. El plomo, al ser blando y amortiguado, se comporta como masa pura.
Aguanta bien ambientes cálidos de sala de máquinas sin degradarse ni emitir, a diferencia de algunos materiales sintéticos.
Al fin de la vida del equipo, el plomo se recupera y se recicla íntegramente, con valor residual real.
Adherido a una carcasa metálica, añade masa y amortiguamiento a la vez, reduciendo la radiación de la propia chapa.
De dentro hacia fuera. Cada capa hace un trabajo distinto y quitar una de ellas se nota.
| Capa | Material típico | Función |
|---|---|---|
| Cara interior | Chapa perforada o tejido acústico | Proteger el absorbente sin bloquear el sonido |
| Absorbente | Lana mineral 50-100 mm | Absorber dentro de la cavidad; sin esto la envolvente resuena |
| Barrera de masa | Lámina de plomo 1-3 mm | Impedir que el sonido atraviese: es la capa que aísla |
| Estructura | Bastidor metálico | Soportar el conjunto sin contacto rígido con la máquina |
| Cara exterior | Chapa o panel | Protección mecánica y acabado |
| Juntas | Burletes y sellado elástico | Cerrar el perímetro de puertas y registros |
| Apoyos | Elementos antivibratorios | Desacoplar la envolvente de la bancada y del suelo |
La envolvente no debe tocar la máquina en ningún punto. Si la toca, la máquina la hace vibrar y la envolvente radia el ruido que debía contener.
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Casi todas las máquinas necesitan aire, y el aire necesita agujeros. Es la contradicción central de cualquier encapsulado: cerrar para aislar, abrir para refrigerar.
La solución no es hacer los agujeros pequeños – eso ahoga la máquina – sino hacer que el aire recorra un camino que el sonido no pueda seguir en línea recta. Se consigue con silenciadores de absorción: conductos revestidos interiormente de material absorbente, normalmente con uno o dos quiebros. El aire pasa; el sonido rebota, se absorbe y llega muy atenuado a la salida.
Dos reglas prácticas: la sección libre del silenciador debe ser mayor que la del hueco original para compensar la pérdida de carga que introduce el revestimiento, y conviene tratar entrada y salida, no sólo una de las dos. Un encapsulado excelente con la salida de aire sin silenciar rinde como un encapsulado mediocre.
Y una comprobación que se olvida: verificar la temperatura interior tras el montaje. Una envolvente que aísla muy bien y refrigera mal termina en una avería, y entonces alguien la desmonta y ya no vuelve a montarse.
Los tres tienen algo en común: son errores de detalle, no de material. Puedes gastar en 3 mm de plomo y perder el resultado por un burlete que falta.
Hay tres situaciones en las que encapsular es la solución equivocada y conviene decirlo antes de presupuestar:
Cuando el problema es vibración, no ruido aéreo. Si el ruido reaparece en oficinas lejanas o en plantas superiores, casi seguro viaja por la estructura. Se resuelve bajo la máquina, con antivibratorios correctamente dimensionados, y ninguna envolvente lo arregla.
Cuando la máquina requiere acceso constante. Un encapsulado que hay que abrir cada veinte minutos termina abierto de forma permanente. En esos casos suele funcionar mejor una pantalla acústica parcial o una cabina para el operador.
Cuando el ruido lo genera el proceso, no la máquina. Impactos de piezas cayendo en una tolva, aire comprimido descargando. Ahí se actúa sobre el proceso – amortiguar la caída, poner un silenciador en el escape – y el resultado es mejor y más barato que cualquier envolvente.
Regla general: encapsular es el último recurso, no el primero. Antes está reducir el ruido en origen, y antes que eso, comprobar por dónde sale realmente.
Entre 1 y 3 mm según el nivel a reducir. Como la superficie de una envolvente suele ser pequeña comparada con un cerramiento de edificación, el peso total no es limitante y se puede subir de espesor con más libertad que en una pared.
Se hace y funciona como tratamiento amortiguador: añade masa y amortiguamiento a una chapa que radia. Pero no sustituye a una envolvente desacoplada, porque sigue en contacto con la fuente y sigue vibrando con ella.
Depende sobre todo de las aperturas y de si la transmisión estructural está resuelta, no tanto del material. Un encapsulado bien ejecutado con silenciadores y antivibratorios da reducciones notables; el mismo encapsulado con un registro sin sellar puede rendir la mitad.
No. Cualquier contacto rígido hace que la máquina transmita su vibración a la envolvente, que entonces radia el ruido que debía contener. Debe sostenerse en su propia estructura, apoyada sobre elementos antivibratorios.
Sí. La lámina de plomo impide que el sonido salga; el absorbente evita que la cavidad interior resuene. Sin absorbente, el espacio entre la máquina y la envolvente se comporta como una caja de resonancia y el conjunto rinde peor.
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