
El babero de plomo es la pieza que resuelve el encuentro entre un faldón de tejado y un elemento vertical: un muro, una chimenea, un peto. Es la solución más antigua y sigue siendo la mejor, siempre que se respeten dos cosas que casi nadie respeta: la longitud máxima de cada pieza y que sólo se fija por un borde.
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Un babero es una banda de plomo conformada que cubre la junta entre la superficie inclinada de un tejado y un paramento vertical. Su trabajo es recoger el agua que baja por el muro y devolverla al faldón, por encima de las tejas, en lugar de dejar que se cuele por la junta.
Suele hablarse de dos piezas complementarias, y confundirlas es el origen de muchas filtraciones:
La idea clave es que el agua nunca debe encontrar un borde ascendente. Cada pieza cubre el borde superior de la que tiene debajo, en el sentido de bajada del agua, igual que las escamas de un pez. Un solo solape invertido convierte todo el sistema en un embudo.
Valores de referencia para baberos en cubierta inclinada de teja o pizarra.
| Parámetro | Valor de referencia | Motivo |
|---|---|---|
| Espesor | 1,5 – 2 mm | Cuerpo suficiente para conformar y resistir el manejo, sin exceso de peso ni rigidez |
| Longitud máxima por pieza | En torno a 1,5 m | Limita el recorrido de dilatación y evita la fatiga del material |
| Solape entre piezas contiguas | Mínimo 100 mm | Cubre el movimiento por dilatación sin dejar paso al agua |
| Subida por el muro | Mínimo 100 mm sobre la teja | Margen frente a agua rebotada y acumulación de nieve |
| Entrada en la llaga | 25-30 mm | Suficiente para acuñar sin debilitar el muro |
| Vuelo sobre la teja | 100-150 mm | Devuelve el agua bien dentro del faldón |
| Separación entre grapas | 40-50 cm | Sujeción en la roza sin impedir el movimiento |
Con plancha de 5000 × 1000 mm, una tira de 250 mm de ancho da tres piezas de 1,5 m con solape a partir de un metro lineal de plancha.
Este orden funciona en el encuentro típico con un muro lateral. Para chimeneas hay particularidades adicionales.
Divide el recorrido en tramos que no superen el metro y medio, y marca dónde cae cada solape. Piensa siempre en sentido de bajada: la pieza de arriba monta sobre la de abajo.
Abre una roza de 25-30 mm de profundidad en una junta horizontal del muro, a la altura prevista. En fábrica de ladrillo, aprovecha la llaga existente.
Cúter y regla o cizalla, según espesor. Corta con el ancho total desarrollado: entrada en roza más subida por el muro más vuelo sobre la teja.
Con maceta de madera o nailon, dobla el pliegue del muro y adapta el faldón a la forma de la teja. El plomo se estira; no lo fuerces contra un canto vivo.
Introduce el borde superior en la llaga y acúñalo con grapas del propio plomo cada 40-50 cm. Es la única fijación del conjunto.
Sella la llaga con mortero adecuado, con la lámina separadora prevista si el plomo va a quedar en contacto con mortero fresco.
La pieza superior monta sobre la inferior con el solape previsto, sin fijar el borde inferior: debe poder deslizar.
Aceite de patinado sobre la cara vista para evitar el escurrido blanco de carbonato sobre la teja y la fachada.
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Prácticamente todos los baberos que fallan lo hacen por alguna de estas cuatro razones.
Un babero corrido de tres o cuatro metros. La dilatación acumulada lo fatiga y termina agrietándose a la altura de las fijaciones.
Clavos o tornillos en el borde inferior. La pieza no puede moverse, así que se deforma hasta romper. Sólo se fija arriba.
La pieza de abajo montando sobre la de arriba. El agua encuentra un borde ascendente y entra directamente por la junta.
Resolver la roza con un cordón de silicona en vez de acuñar y rejuntar. Envejece, se despega en dos o tres años y deja de sellar.
Hay situaciones en las que un babero convencional no basta y hay que subir de solución:
Faldones muy largos. Cuanto más recorrido tiene el agua antes de llegar al encuentro, más caudal concentra. En faldones de gran desarrollo conviene aumentar la subida por el muro y el vuelo sobre la teja, y valorar un espesor de 2 mm en lugar de 1,5.
Pendientes muy bajas. Con poca pendiente el agua corre lenta, se acumula y el viento la empuja hacia arriba. Las dimensiones estándar se quedan cortas.
Zonas de nieve. La nieve acumulada contra el muro puede superar la altura del babero y fundir por debajo. Ahí se aumenta la subida notablemente.
Muros de piedra irregular. No hay llaga horizontal continua donde acuñar. Se resuelve con un despiece escalonado, siguiendo las juntas de la mampostería, con una pieza por cada tramo de junta. Es más trabajo, pero es la única forma de que el remate quede bien empotrado.
Un babero bien ejecutado no necesita mantenimiento durante décadas, pero sí conviene revisarlo cuando se hace cualquier trabajo en la cubierta.
Qué mirar: que el rejuntado de la llaga siga íntegro, que no haya grietas transversales a la altura de las fijaciones, que los solapes no se hayan desplazado y que no haya acumulación de hojas o musgo reteniendo agua contra el muro.
La reparación es una de las grandes ventajas del plomo frente a soluciones continuas: se sustituye por tramos. Si una pieza de metro y medio se ha agrietado, se retira, se corta una nueva y se acuña, sin tocar el resto del recorrido ni desmontar el tejado. Con una membrana continua adherida, la misma reparación implica levantar una superficie mucho mayor.
Un apunte sobre plomo recuperado: el plomo de una cubierta antigua conserva sus propiedades y tiene valor de chatarra real. Al sustituir un tramo, no lo tires: se recicla íntegramente y sin pérdida de calidad.
Entre 1,5 y 2 mm en la mayoría de casos. El 1,5 mm se conforma con más facilidad y basta para encuentros normales; el 2 mm da más cuerpo y se prefiere en faldones largos, pendientes bajas o zonas expuestas.
En torno a metro y medio por pieza. Es el criterio tradicional y responde a la dilatación: el plomo se mueve unos 29 milímetros por metro y por cada mil grados, así que una pieza larga acumula un recorrido que termina fatigando el material.
Para que la pieza pueda dilatarse libremente. Fijada por los dos extremos, el movimiento térmico no tiene por dónde salir y se convierte en deformación repetida en el mismo punto, que acaba en grieta.
Es lo que más se ve y lo que peor envejece. La silicona pierde adherencia en pocos años con los ciclos térmicos y la radiación solar. El acuñado mecánico en la llaga más el rejuntado dura lo que dure el muro.
Con un desarrollo típico de 250 mm de ancho y piezas de 1,5 m con 100 mm de solape, necesitas unos 6,5 metros lineales de tira. De una plancha de 5000 × 1000 mm salen cuatro tiras de 250 mm de cinco metros cada una: te sobra material para otros encuentros.
Fabricación propia, pureza del 99,9 % conforme a la norma EN 12588 y formato de 5000 × 1000 mm. Portes pagados en España peninsular.
Para este uso solemos servir rollos de plomo de 1,5 mm; cuando hace falta más masa, láminas de plomo de 2 mm.
El material sale de fábrica y llega a obra con portes pagados en la península. Estas son las provincias donde servimos con más frecuencia:
Planchas de plomo A Coruña · Rollos de plomo Albacete · Rollos de plomo Asturias · Rollos de plomo Barcelona · Rollos de plomo Bizkaia · Láminas de plomo Burgos · Láminas de plomo Cantabria · Láminas de plomo Córdoba · Planchas de plomo Girona · Planchas de plomo Huelva · Rollos de plomo Huesca · Rollos de plomo Lleida · Láminas de plomo Murcia · Láminas de plomo Palencia · Planchas de plomo Sevilla · Planchas de plomo Teruel · Rollos de plomo Toledo · Planchas de plomo Álava
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Con el formato de 5000 × 1000 mm salen tiras del ancho que necesites aprovechando los cinco metros de largo. Espesores de 1,5 y 2 mm son los habituales para baberos.
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